sábado, 8 de agosto de 2015

Un repaso a nuestra historia


Ahora que iniciamos este proyecto comunicativo, a través del blog, queremos hacer un pequeño resumen de nuestra actividad en estos años.
Conócenos:


-La sanción a Chema, la vía de la desobediencia: El punto de partida del grupo se da con la sanción recibida por nuestro compañero Chema, quien tras años de repartir voluntariamente el empleo en la Administración (períodos de permisos sin sueldo), se niega a asumir el aumento de jornada impuesto en el segundo semestre de 2012, el cual destruía empleo, era antirreparto.

   
 La campaña de apoyo consistió en la interposición de los recursos administrativos, la recogida de autoinculpaciones, concentraciones, notable presencia en los medios... Finalmente, esperaron a que el compañero se jubilara para hacer definitiva una sanción que no llegaría a efectuarse por dicho motivo. 

-Los puntos Negros del Paro y Verdes del Reparto: a través de la señalización de estos puntos hemos tratado de visibilizar que empresas llevan a cabo las peores políticas de destrucción y concentración del empleo y qué agentes, por el contrario llevan a cabo saludables iniciativas de reparto.









-Acciones, charlas, ... en carteles:


-Artículos de opinión: otra línea de trabajo es la divulgación de nuestros planteamientos en los medios de comunicación a través de artículos de opinión. Pasamos a reproducir la mayor parte de ellos:


SINDICALISMO Y REPARTO DEL TRABAJO (abril de 2013)
Llevamos seis años de “crisis”, seis años de políticas económicas, primero expansivas y luego recesivas, seis años de acatar los dictados de los poderes y saberes económicos, seis años de promesas de futuro y cada vez nuestra situación es peor: los servicios y garantías básicas en progresivo deterioro; dentro de un paulatino empobrecimiento la pobreza severa crece, a la par que las desigualdades se incrementan. Somos pues no solo una sociedad más pobre, también más injusta.
El paro es una de las consecuencias más graves de esa crisis, significa carencia de recursos y también de horizonte. Viene siendo uno de los principales factores de incremento de las desigualdades, una especie de barrera entre el estar adentro o el quedar afuera.
Normalmente, en nuestras sociedades, el paro generado en épocas de recesión era reabsorbido en épocas de recuperación económica. Pero la situación actual es distinta. Por un lado, hay buen número de países que se están incorporando al desarrollo productivo. Por otro, el desarrollo tecnológico permite incrementos de producción con menor trabajo humano. Por último, la actual crisis tiene un fuerte componente ecológico que hace inviable (y no deseable) el crecimiento sin fin del dueto producción/consumo.
Si aplazar la solución del paro a la salida de la crisis es de por sí terriblemente injusto e insolidario, en la actual situación significa aplazarla para siempre. Ya nunca el paro va a ser reabsorbido por ninguna fase de expansión económica. Su única solución es el reparto del empleo y, a la vez, es la única vía posible a la exigencia de otros repartos también necesarios.
Y sin embargo las soluciones que nos proponen van en la dirección contraria: horas extras, incrementos de jornada, atraso de la jubilación…, lo cual está dentro de la lógica del capitalismo más agresivo: su objetivo es el incremento incesante del beneficio sin ninguna preocupación social, y para ello el paro ayuda más que molesta.
Resultan más incomprensibles las razones por las que el sindicalismo no aboga por el reparto del empleo, o lo hace con tan escasa convicción. Basta repasar las razones esgrimidas para convocar las últimas huelgas generales para ver que el problema de parados y paradas queda perdido entre otras muchas demandas, todas dignas, pero ninguna tan acuciante.
Todo parece indicar que el sindicalismo está excesivamente atrapado por el montaje que del sindicalismo ha hecho el sistema, en unos casos por su dependencia de subvenciones y, en todos, por una especie de clientelismo hacia quienes están trabajando, que son lo que otorgan representatividad institucional y poder sindical a través de las elecciones sindicales. Quizá cambiarían las cosas si las cerca de sesenta mil personas en paro de Navarra pudieran tener el número de representantes sindicales que proporcionalmente les corresponderían. Mientras tanto el sindicalismo permanece atrapado en el interior de las empresas y por las dinámicas que en ellas plantea la patronal.
Pero esta no opción por acabar con el paro -desde ya, sin fiarlo a futuro- y por el reparto del trabajo como única forma de alcanzarlo no es solo un acto de insolidaridad, sino también un acto de ceguera que va sumiendo al sindicalismo en una creciente incapacitación. Con casi sesenta mil parados en Navarra, cifra en permanente incremento, hacer sindicalismo al interior de las empresas resulta poco menos que imposible.
Toda la negociación colectiva actual es una negociación a la baja, en la que las organizaciones sindicales no logran, por más que algunas lo intenten, defender las condiciones laborales y salariales de los trabajadores en activo. Difícilmente podrá ser de otro modo mientras la patronal tenga en su mano la amenaza del paro, el permanente chantaje de casi sesenta mil personas paradas en Navarra en cada vez peor situación, obligados a aceptar cualquier empleo en cualquier condición. Sin abordar el problema del paro, también la defensa de las situaciones laborales y salariales de los trabajadores en activo se hace más difícil.
Para el capital la enorme tasa de paro, y las desigualdades internas a la mayoría social que genera, es la condición idónea para incrementar su capacidad de dominación, y esa situación puede manipularla a su beneficio. La no apuesta sindical contra el paro, el que quienes trabajamos no seamos capaces de afrontarlo deja un enorme margen de maniobra a la patronal. Como ya lo propugna su presidente, su solución serán los miniempleos, trabajos ultraprecarios, parciales y en condiciones absolutamente retrocedidas.
Si hasta ahora el tener o no tener trabajo venía siendo la barrera de separación entre el estar adentro, el tener acceso a la cobertura de las necesidades básicas, y el quedar afuera, sin capacidad para poder cubrirlas, con los miniempleos que nos planean y que ya están experimentados en otros países, el tener empleo no garantizará unas condiciones de vida mínimas, mantendrá las desigualdades internas en las que pueda seguir ejerciéndose el chantaje del capital, trasladando al interior del trabajo la barrera de separación que hasta ahora ejercía el paro, todo ello a favor de los incrementos del beneficio del capital. O repartimos nosotros el trabajo, como camino hacia una recuperación del reparto de la riqueza, o lo repartirán ellos incrementando sus beneficios.
Nuestro reparto del trabajo no puede quedarse en un reparto acotado a la actual masa salarial que deje al margen el reparto de la riqueza y el incremento del porcentaje sobre el PIB de los salarios directos e indirectos. La disminución drástica de jornada como forma de generación del empleo equivalente no debe repercutir en una disminución salarial similar, sino que algo tendrán que aportar los beneficios empresariales; el cuánto de esa aportación dependerá de la capacidad de presión que seamos capaces de recuperar en ese impulso de reparto. Tampoco las posibles disminuciones de salarios individuales derivadas de ese reparto tendrán que distribuirse de igual modo para todos los salarios, sino que deberán suponer un recorte importante de los abanicos salariales, de modo que no disminuyan los salarios más bajos.
La propuesta del reparto del trabajo no puede convertirse en una especie de enjuague excesivamente complaciente o poco enfrentada al actual sistema. Todo lo contrario, el paro viene siendo un grave freno a la capacidad de presión obrera, capacidad que debe recuperarse desde las propuestas de reparto. Pero no solo debe recuperar capacidad de presión también tendrá que cambiar las formas de ejercerla. El sindicalismo centrado en la reivindicación a través de la negociación colectiva de empresa está muy ligado a un capitalismo en expansión, a quien fortaleció adhiriendo a él a los trabajadores por la vía de su inclusión en el modelo de desarrollo. Hoy no parece posible una oposición al sistema que no sea, a la vez, oposición al modelo de desarrollo, al incremento incesante de la producción y el consumo y de la competitividad, vivida de espaldas y aún en contra de cualquier tipo de solidaridad internacional. El modelo de desarrollo y el sistema capitalista que lo genera son una y la misma cosa y no parece posible oponerse al segundo sin oposición al primero. Pero la oposición al modelo de desarrollo no puede reducirse a la reivindicación de intereses, debe anclarse también en otras tomas de postura más implicativas, en las que “los intereses” a defender cambien de orientación, de mayor apuesta, de tomas de postura propias de las que emanen otro tipo de reivindicaciones y de formas de impulsarlas.
Es seguro que la fórmula del reparto del trabajo no va a ser la solución a todos los males sociales, y que tendrá que ser complementada por otras medidas como el derecho a una renta básica individual y suficiente, pero, ¿existe otra para acabar con el paro?
Lo cierto es que con una tasa de paro alta como la actual, con la fractura que ella introduce al interior de la sociedad y de los trabajadores, con el plus de capacidad de dominación y de posibilidades de manipulación que le otorga a la patronal, todo el sindicalismo, tanto el de pacto como el de confrontación, tienen su espacio francamente reducido.
  
LOS REPARTOS DE BARCINA (mayo de 2013)
La Presidenta de Navarra lanza sin rubor las ideas más peregrinas con los nombres más pomposos.
Plantea el reparto del trabajo, idea que apoyamos, pero lo reduce al reparto entre las contrataciones precarias: sustituciones… En lugar de un contrato a jornada completa propone dos contratos a media jornada de los cuales se beneficiarán dos personas. Con lo lista que es nuestra presidenta, ¿cómo no se le ha ocurrido que si hace cuatro contrataciones a un cuarto de jornada su reparto se multiplicaría no por dos, sino por cuatro? Barcina no quiere el reparto del trabajo, solo quiere quitar como sea personas de las estadísticas del paro.
Dentro de poco se apuntará con la misma desfachatez al “reparto de la riqueza”. Lo tiene fácil, Bienestar Social puede conceder el doble de rentas de inserción dividiendo las actuales por dos, gran idea.
El reparto del trabajo es el reparto del trabajo existente, no el de las migajas de trabajo, y el reparto de la riqueza es el reparto de los recursos existentes, no el de los residuos.
La idea del reparto es que quien más tiene debe aportar más, para que reciba más quien tiene menos. El reparto del trabajo, para serlo tendría que afectar a todas las personas y tendría que plantearse reduciendo los abanicos salariales y con la aportación, naturalmente, de los beneficios empresariales.
Nuestra clase política parece no tener límite en la desfachatez y en la sinvergonzonería, degradan todo aquello de lo que hablan o sobre lo que proponen, por degradar, degradan hasta el lenguaje, en este caso la palabra reparto. ¿Podremos seguir hablando del reparto del trabajo, después de lo escuchado a Barcina? Habrá que seguir haciéndolo, pero dejando claro que la única idea que tiene Barcina de la palabra “reparto” está ligada a “sobres”.

REPARTO DE TRABAJO: UNA PROPUESTA DECRECENTISTA (junio de 2013)
Reparto de trabajo. ¿Qué tiene este concepto que hace apenas unos meses sindicatos y partidos lo ignoraban y ahora se ha convertido en motivo de creativa disputa? Probablemente la constatación de que la extrema gravedad de la crisis y del paro desbocado (salvando espejismos estacionales) lo ha puesto por vez primera bajo los focos, como una alternativa de emergencia. Hasta el punto que hasta los mismos corresponsables del paro –así nuestro astuto Gobierno foral- lo rondan para manipularlo como saben hacer, confundiendo reparto de trabajo con reparto de miseria, trabajo digno con minijobs…La situación en Navarra es que apenas hace un par de meses los partidos de la oposición y los sindicatos se han lanzado a una carrera por diseñar y modular una medida ineludible, y hay que felicitarse por ello. En este esfuerzo conjunto y en algunas de las medidas que se han esbozado hallaremos las bases de una propuesta que sin duda ha de ser colectiva.
No obstante, desde Banatu. Iniciativa por el reparto (del trabajo y de la riqueza), siguiendo el enfoque decrecentista, queremos advertir que el reparto del trabajo no puede ser esa medida coyuntural y reversible para disimular las cifras del paro y beneficiar solo al empresariado, sino una pieza central del puzzle del nuevo paradigma del empleo para salir de la crisis. En este nuevo modelo, el objetivo es el cumplimiento del derecho a una vida digna, que contemple un trabajo retribuido con justicia, en el marco de una economía al servicio de las personas, que sustituya la competitividad por la utilidad social y la verdadera sostenibilidad ecológica que evite el colapso ecológico y energético. El reparto del trabajo se ha convertido en estos momentos en un imperativo ético inaplazable, cuya extensión ha de integrarse en el debate sobre la renta básica universal, el reparto del trabajo reproductivo o de cuidados y la revaloración del tiempo libre, dedicado al desarrollo personal y colectivo, a la familia, el cultivo de la amistad o la cultura y a la participación activa en la sociedad. Lo que podría resumirse en el lema: Trabajar (menos horas) para vivir mejor, no vivir para trabajar(y consumir).
Pero en Banatu, el reparto de trabajo como medida estructural progresiva, que abre la expectativa a un estilo vital del ‘buen vivir’, no nos hace olvidar la urgencia y la concreción que demandan los sectores más vulnerables que sufren el paro (jóvenes, mujeres, migrantes, mayores de 50 años, etc.), y por ello aportamos una propuesta que creemos razonable y practicable, siempre abierta a la discusión y la mejora: la semana laboral de 30 horas y su aplicación prioritaria en la Administración.
La reducción de la semana laboral a 30 horas efectivas (un cifra intermedia entre los extremos barajados hasta ahora, de 35 y 20 horas) en diferentes fórmulas flexibles (por cómputo de horas/días, días, semanas o meses), según las necesidades de los diferentes servicios y buscando siempre el acuerdo con los trabajadores. Los salarios correspondientes no seguirían la misma progresión que la reducción de la jornada, ya que esta debe ser una medida también para reducir la abusiva desigualdad en los abanicos salariales que se dan en la Administración, posibilitando que el reparto de trabajo signifique también reparto efectivo de la riqueza. La reducción salarial que compensaría de alguna manera la reducción de la jornada se distribuiría de modo inversamente proporcional a los niveles salariales, estableciendo un reajuste en la escala de los diferentes niveles de la Administración. Esta medida se podría complementar con otras que los sindicatos de la Administración han propuesto para el empleo público, como la reducción voluntaria de tiempo de trabajo (con reducción salarial pero cotizando como salario íntegro) o la licencia parcialmente retribuida (año sabático), las supresión de horas extras, etc. El objetivo de esta propuesta de Banatu –30 horas para todas las plantillas de la Administración- es que la reducción de la jornada garantice directamente la generación de nuevos empleos de 6 horas en condiciones laborales y salariales similares al resto y, al mismo tiempo, frenar los recortes y la erosión en la calidad del servicio en el sector público.
En el contexto de este intenso debate la propuesta decrecentista de Banatu tendría la virtud de que puede ser de aplicación inmediata, ya que no ha de esperar a una reforma económica ni a medidas adicionales (fiscalidad, etc.) para obtener resultados, aunque esa reforma económica -en profundidad- hacia un modelo más igualitario y decrecentista, ha de tener lugar para generar todo su potencial. Su aplicación en la Administración puede tener también un carácter ejemplificador, que sirva de acicate para su reivindicación y negociación en el sector privado, más allá de tímidas medidas como de las que, por ejemplo, se habla en Volkswagen.
Cuando las instituciones juegan a dar gato por liebre y al despiste –el fiasco de una Mesa del empleo sin financiación- hay que proponer medidas contundentes como el reparto del trabajo hasta que se conviertan en una apuesta estratégica tanto en el sector público como en el privado y en un clamor social en las calles. Ha llegado la hora de pasar de la por otro lado valiosa iniciativa voluntarista por el reparto a la ofensiva social y activista que contenga la marea de recortes y privatizaciones que nos impone el austericidio neoliberal.
El reparto del trabajo puede ser el primer corte que rompa el nudo gordiano del paro. En la mano de los trabajadores y trabajadoras, pero también todas las personas en paro, precarias, jubiladas o estudiantes, está impulsarlo con fuerza solidaria y determinación.

PARO Y REPARTO DEL TRABAJO (agosto de 2013)
Estamos en la sociedad de la estadística, sabemos que más del 50% de los jóvenes que debieran haber empezado a trabajar en los últimos años no lo han hecho ni previsiblemente lo harán. Eso sí, a esa realidad de los jóvenes sin trabajo se le pone nombre -nombrar es una forma de explicar y una explicación es el inicio de la justificación-, son “la generación perdida”.
Estamos en la sociedad del espectáculo y el entretenimiento, los tiene de todos los colores, algunos de ellos muy alejados de lo agradable y ameno. Desde cualquier ventana que tenga contenedores de basura en su campo de visión puede verse un permanente goteo de personas que desfilan a la búsqueda de desperdicios. No forman parte del espectáculo programado, son espontáneos que emprenden su actuación empujados por la necesidad, sus máximas expectativas están dentro del contenedor.
El paro, y sus secuelas, es el principal problema social, nos preocupa mucho pero nos aguantamos, nos ocupa menos, y a algunos menos que menos.
El parlamento de Navarra constituyó una Comisión de Empleo. ¿Sabemos algo de sus resultados, por mínimos que sean? En algunos ambientes se solía decir: “si quieres entretener un problema sin que nunca se solucione, nombra una comisión”. El dicho viene al caso de esta actividad que no pasa del hacer como que se hace.
Yolanda Barcina, nuestra presidenta, aireó hace unos meses una propuesta de reparto del trabajo. Era mala, tan mala como para no merecer ese nombre, pero las propuestas malas se pueden mejorar y un problema no puede abandonarse.
¿Hace algo en esa dirección, o en otra, la oposición? Tampoco mucho. Gobierno y oposición juegan guerras de guerrillas y uno de los terrenos en las que las practican es el del paro, pero en la práctica parece que ambos se mantienen muy inactivos, confiando en que el paro se resuelva por sí solo mediante un nuevo ciclo de reactivación económica.
Difícilmente se podría hacer comprender esas posturas a cada una de las personas de “la generación perdida” o a quienes buscan en contenedores. Fiar el paro a la reactivación económica es aplazarlo, entretenerlo, y en la situación actual es aplazarlo indefinidamente. No habrá reactivación económica suficiente para reabsorber el paro como en otros ciclos recesivos. El paro solo puede resolverse repartiendo el trabajo, el existente, no el hipotético a generar en el futuro. Desde luego el asunto del reparto del trabajo habría que hacerlo con detrimento de los niveles de consumo buena parte de la todavía mayoría social, algo a lo que nunca va a atreverse un político. La política, en el gobierno y la oposición, busca votos, cada cual en sus respectivos caladeros, y no se atreven a agitarlos ni a crearles sobresaltos. La solución al paro no vendrá del Parlamento. Nuestra obligación es impulsarla socialmente.
En este sentido, desde Banatu Taldea-Iniciativa por el Reparto propugnamos, como punto de partida, la aplicación de medidas de reparto reales en la Administración. Este reparto, entendemos que pasa por la reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales y la creación de puestos de trabajo equivalentes, acompañada de una reducción de los abanicos salariales, nunca perjudicando a los salarios más bajos. Trataremos de hacer llegar nuestra propuesta a todos los grupos parlamentarios y sindicatos de la Administración, pero ante todo, esperamos que sea entendida y aceptada por un, cada vez mayor, sector de la población.

REPARTIR EL TRABAJO, TAN SENCILLO COMO QUIERAS (diciembre de 2013)
El reparto del trabajo no es, no debe ser, una medida coyuntural a adoptar en los momentos en que el paro supera las proporciones que lo hacen económicamente rentables y en los que, además, no hay posibilidades de que disminuya significativamente en un plazo de tiempo razonable.
El reparto del trabajo, por el contrario, es una pieza más del puzzle que debemos ir encajando para construir un nuevo paradigma, una nueva manera de pensar los valores propios de las personas y cómo debemos organizar las relaciones sociales y el equilibrio con la naturaleza. Vivimos en una sociedad que identifica el vivir bien con poder gastar cada vez más, con poder tener cada vez más cosas sin querer ver que esa es precisamente la raíz del “malvivir” que afecta tanto a los sectores de la población del planeta que tienen más de lo que necesitan pero que nunca se sienten satisfechos, como a la parte de la población del planeta que no tiene ni lo imprescindible y realmente vive mal. Sin olvidar que también afecta al propio planeta, a la propia naturaleza explotada y contaminada muy por encima de los niveles que permiten su regeneración.
Avanzamos a pasos agigantados hacia una sociedad cada vez más desigual, más individualista y más autoritaria y hacia el colapso ecológico y energético. ¿Cómo podemos intentar darle la vuelta? ¿Qué papel puede jugar el reparto del trabajo en ese intento?
  1. Derecho a una vida digna
Toda persona en cualquier parte del mundo tiene derecho a una vida digna y, siendo el salario el recurso que lo posibilita, a un trabajo retribuido. El objetivo del reparto del trabajo no puede ser disimular las cifras del paro, sino que toda persona que quiera pueda acceder a un puesto de trabajo
  1. Economía al servicio de las personas.
Producir menos, repartiendo el trabajo y derrochando mucho menos.
Desde 1950 la población mundial se ha duplicado, triplicado la producción material y multiplicado por cuatro el consumo de energía, pero cada vez hay más pobres en el mundo y son mayores las diferencias entre los que tenemos más de lo que necesitan y los que no tienen ni para vivir.
Mientras el hambre afecta a mil millones de personas un tercio de la producción de alimentos se convierten en desperdicios.
  1. Trabajar (menos horas) para vivir mejor, no vivir para trabajar (y consumir)
Tiempo para hacer lo que realmente queremos o para no hacer nada. Tiempo para nosotros mismos, para las amistades, la familia. Tiempo para los trabajos de cuidados. Tiempo para compartir los trabajos domésticos. Tiempo para participar activamente en la sociedad. Tiempo para desarrollarnos individual y colectivamente y no para tener cada vez más cosas.
El reparto del trabajo es algo a lo que no estamos acostumbrados bien al contrario trabajar más horas, en perjuicio de otros y otras se asoció a la posibilidad de una vida mejor. Pero los nuevos problemas nos están cambiando: los bancos de alimentos, los comedores sociales, la salida al extranjero de los jóvenes.... son parte de las “soluciones” que estamos encontrando para paliar el drama del desempleo y la pobreza que conlleva.
Se nos transmite la falsa ilusión de que el crecimiento económico que ya llega creará empleo y terminará con el paro, aunque no se nos dice cuando y en que condiciones laborales.
Las trabajadoras y trabajadores no tenemos en exclusiva la culpa del paro, pero muchos comportamientos mantenidos durante años nos hacen responsables de el. Mientras exigimos soluciones a las Administraciones, los empresarios y “al Capital”, nosotros también podemos hacer algo por nuestros conciudadanos en desempleo.
Cada vez toma más fuerza la idea de que, o los trabajadores y trabajadoras creamos nuestro propio sistema de reparto del trabajo de forma justa y solidaria para todos y todas, o nos lo van a imponer a la fuerza desde de arriba, como les convenga, precarizando los empleos, con la excusa de disminuir la cifra de parados.
En Octubre de 2013, el colectivo Banatu / Iniciativa por el Reparto organizamos unas Jornadas en Pamplona sobre el tema. Uno de los talleres lo impartió el experto en temas de economía alternativa Alberto Ortiz de Zárate, bilbaíno, ex-funcionario del Gobierno Vasco y ahora consultor expuso algunas ideas sencillas:
a) Solidaridad básica: En cada vez más familias, el reparto se produce por la vía del desempleo: los que no trabajan son mantenidos por los que siguen ingresando su salario. Pero crea relaciones de dependencia indeseables. Sería preferible que mi familiar hiciera una parte de mi trabajo. En algunas empresas, los trabajadores han propuesto la medida obvia: en lugar de echar a personas a la calle, prefieren repartir entre todas el empleo y el salario. Si consideramos a nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra tierra, nuestro país como una gran familia, o como una organización, llegaremos a la conclusión que la mejor medida para acabar con el desempleo es repartir el empleo existente.
b) Beneficios: Mejora la productividad: todos somos más productivos en 6 horas que en 8. Mejora el recambio generacional: se incorpora gente joven que puede aprender de los mayores que siguen ahí, con menos jornada. Disminuye la espantosa desigualdad social a la que estamos abocados. Mejora el reparto entre sexos del trabajo no remunerado; esto es, las tareas domésticas y de cuidados. Crea una bolsa de tiempo que se puede dedicar a aprender, innovar y aportar valor social. Cambia consumo por ocio, por oportunidades para la salud y la cultura.
c) Límites: Los ingresos familiares no pueden bajar de un mínimo para soportar el gasto corriente las jornadas que ya están reducidas, no hay que volverlas a reducir hay que seguir cotizando el 100% a jubilación a partir de cierta edad hay que hacer algo radical con las hipotecas, que impiden toda flexibilidad a muchas familias.
Una primera forma de repartir el trabajo se dirige a los trabajadores que tienen ya resuelta la vida a nivel económico y optan voluntariamente por cambiar días de trabajo y dinero por ocio. Cada 4 trabajadores, reduciendo el 20% generan 1 puesto de trabajo. Es el reparto voluntario de los que sueñan con trabajar de lunes a jueves: ¡Esta es su oportunidad¡. Facilitaría la propuesta si hubiera una Ley que coordinara al INEM, que se ahorra prestaciones por desempleo, a la Seguridad Social, que mantuviera la cotización para la jubilación lo más próximo al 100%, teniendo en cuenta que aumentan los cotizantes, al Gobierno que dirija las ayudas a las empresas para crear empleo y al empresario que acepte algún coste razonable y la tarea de reorganizar el sistema de trabajo. ¿Sencillo o complicado?
También hablamos del reparto del trabajo generalizado, cuando en un convenio se establecen medidas concretas para toda la plantilla. Pedimos a los sindicatos, comités de empresa, delegados y empresarios (¡por qué no¡) que en los nuevos convenios incluyan un punto de creación de empleo en base al reparto del trabajo. Es un punto más como la subida del salario, el tiempo de descanso, los permisos retribuidos, los pluses salariales…. A negociar en conjunto. Hay mil fórmulas. Una muy sencilla es rebajar el tiempo de trabajo en 1 hora semanal y cada 39 trabajadores creamos un empleo. Las propuestas más contundentes hablan de 35 y 30 horas semanales. En estos casos negociaremos el porcentaje de salarios a disminuir. Otras, más clásicas, son no hacer horas extras, no trabajar los fines de semana, no amortizar las jubilaciones, facilitar la prejubilaciones y los contratos de relevo, etc. y con ese tiempo en cálculo anual, crear empleo.
Si hay problemas para encajar el “puzzle organizativo” en Banatu estamos en contacto con expertos que nos pueden ayudar. Imprescindible estar informados y convencidos, cuantificando los empleos a crear, previamente a incluirlo en la plataforma de negociación y destacar las ventajas sociales que implica este esfuerzo personal. ¿Sencillo o complicado?
El colectivo Banatu hemos creado el “Sello Negro” para los colectivos de trabajadores y empresas que acuerdan en sus convenios aumento en el tiempo de trabajo. Y el “Sello Verde” (esperanza) para los que disminuyen su tiempo de trabajo creando empleo. Pronto asignaremos los primeros Sellos.
¿Sencillo o complicado? Solo lo comprobaremos si lo intentamos.

HACIA EL REPARTO DEL TRABAJO:
puntos negros, puntos verdes (marzo de 2014)
A estas alturas de la crisis, la clave temporal resulta fundamental para enfocar la solución al problema del paro. ¿La postergamos hasta que llegue una incierta reactivación económica? ¿Al cambio institucional de políticas de empleo? Las perspectivas económicas más optimistas no son nada esperanzadoras, ni las políticas que se proponen parecen claras ni determinantes a corto o medio plazo. Y la realidad inmediata es que las 51.488 personas en paro, el 18% de esta Navarra de la prospera corrupción, no puede esperar al futuro para comer y vivir dignamente. Ni las personas en paro, ni la ‘generación precaria’ de la juventud, ni el colectivo de personas migrantes, ni las mujeres, por no hablar de las familias que malviven de una pensión o que se ven amenazadas por un desahucio. Los sectores más vulnerables, cada vez más amplios, han entrado ya en una espiral de desesperación que nuestra sociedad no se puede permitir.
Ha llegado la hora de la solidaridad real, que incluso en nuestro contexto capitalista, pueda abrir una primera brecha contra el paro estructural y contra la estructura del paro. Ahora toca ser responsables y coherentes: dar ejemplo con prácticas solidarias que generen empleo, con o sin mediación de sindicatos, agentes sociales o instituciones. Es por ello que Banatu Taldea, iniciativa decrecentista por el reparto del trabajo y la riqueza, ha emprendido una campaña de visibilización del reparto del trabajo, una de las medidas que más impacto pueden tener en este esfuerzo, señalando tanto los puntos positivos como los negativos que en este aspecto advertimos en Navarra. En 2014 hemos marcado dos puntos negros –la empresa Volskwagen y la Administración pública, los buques insignia de nuestra economía- y uno verde, REAS Navarra.
VW-Navarra es una empresa en la cual se trabaja una enorme cantidad de horas extras, habiéndose llegado a pagar en un solo año y en plena crisis hasta 15 millones de euros, cantidad equivalente a los salarios de alrededor de 400 personas que nunca se contrataron. Además, en el actual convenio (recientemente firmado por UGT y CCOO) se potencian las medidas destructoras de empleo, pues lejos de reducirse la jornada individual anual de la plantilla, se incrementa ésta en 4 días; y de la misma manera, se incrementa la flexibilidad organizativa y en la jornada laboral, que en estos momentos alcanza ya la posibilidad de trabajar hasta 81 días por encima de la jornada individual anual -establecida ahora en 215 días de trabajo-, lo que supone la pérdida de una gran cantidad de empleo estable, a cambio de la generación de una menor cantidad de empleo precario. Por ello el pasado14 de enero le otorgamos a sus puertas un merecidísimo Punto Negro.
Por su parte, la Administración Pública de Navarra está reduciendo los puestos de trabajo, recortándolos directamente, aumentando la jornada, disminuyendo la sustitución de las ausencias y externalizando numerosos trabajos. En los dos últimos años se han perdido centenares de puestos de trabajo, mientras, con la intención de edulcorar un poco las cifras del paro, nos plantean medidas de (supuesto) reparto que tan sólo recaen en la voluntariedad y el compromiso de la plantilla, sin ningún esfuerzo por parte de una poco ejemplar Administración. Todo ello sólo puede ser tildado de “antirreparto”. El Punto negro a la administración, que le otorgamos el 21 de enero frente al edificio de Conde Olitevo, es todavía más merecido porque esa destrucción de empleo redunda en una merma de la calidad de los servicios públicos.
Frente a estos modelos de insolidaridad escandalosa, la experiencia de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS Navarra), abre una vía hacia el futuro. REAS Navarra tiene como ejes transversales la autonomía como principio de libertad, la autogestión, la cultura liberadora, el desarrollo personal en todas sus dimensiones, la compenetración con la naturaleza y la solidaridad humana y económica. Los diferentes colectivos que forman REAS Navarra desarrollan proyectos y actividades laborales de producción y de servicios, caracterizados por prácticas internas alternativas, desde valores contrapuestos al modelo capitalista. Prácticas comprometidas que dan credibilidad al discurso transformador y posibilitan un camino hacia un mundo más humano y respetuoso con la naturaleza.
Dentro de estas prácticas el reparto de trabajo sobresale con especial relevancia. Cabe destacar a los grupos Tierra, Medicus Mundi, Mugarik Gabe Nafarroa y Traperos de Emaús, cuyas prácticas de reparto constituyen la vía más sólida para luchar contra el paro a través de reducciones salariales equitativas y creación de empleo equivalente. El lema “Trabajar menos para trabajar todos” está asumido en sus estructuras como ejercicio de genuina justicia social. Esta es la razón por la que hemos otorgado a REAS Navarra y concretamente a los colectivos mencionados el primer SELLO VERDE, por integrar dinámicas de reparto de trabajo que abren una perspectiva esperanzadora: no todo está perdido, es posible trabajar, repartir y soñar con un mundo diferente.
La lucha contra el paro se ganará probablemente con la instauración de otro modelo productivo, una fiscalidad progresiva más justa, una renta básica de ciudadanía y una vida más frugal alejada del consumismo, pero hemos de comenzarla con el reparto de trabajo, la única medida que depende de nuestra respuesta desde abajo como ciudadanía organizada. En el siglo XXI, en Navarra, en el Estado o en Europa, el pleno empleo no sería una quimera si hubiera solidaridad plena, no mañana en una coyuntura favorable, sino a partir de hoy, en la crisis más dura que hemos conocido en los últimos tiempos. El trabajo va a ser cada vez más un bien escaso, debido al incesante aumento de la productividad que trae el desarrollo tecnológico y al colapso ecológico como consecuencia del despilfarro de recursos energéticos. No vamos a conocer la clase de reactivación económica capaz de absorber todo el paro generado y de proporcionar trabajo en las condiciones del periodo de crecimiento. Por ello te animamos a que te sumes a la campaña de Banatu, denunciando los puntos negros y destacando los puntos verdes en torno al reparto del trabajo que conozcas de primera mano y, sobre todo, practicándolo y promoviéndolo de manera colectiva. Haznos llegar tus experiencias (banatutaldea@gmail.com) para que podamos difundirlas y compartirlas. Para luchar por sociedad más justa e igualitaria y unas formas de vida más digna para todas y todos, nuestra pregunta es: ¿Qué vas a hacer tu, aquí y ahora, por el reparto?

DOS DÍAS, UNA NOCHE (octubre de 2014)
Así es como se titula la recomendable película dirigida por los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardene, actualmente en cartelera, que nos cuenta la historia de Sandra, una trabajadora en una empresa que debe afrontar que el resto de la plantilla vote su futuro en la misma: ser despedida (lo cual conlleva un plus económico de 1000 € para el resto), o mantenerla en su puesto de trabajo. Durante dos días y una noche tratará de convencer a sus compañeros y compañeras de que es más justo renunciar a un beneficio personal que favorecer la pérdida de su puesto de trabajo. Si bien sorprende que el conflicto se nos presenta entre iguales (personas asalariadas) y la dirección de la empresa parece querer lavarse las manos en todo ello, democratizando la ejecución del despido, hay algo de real en este dilema que se refleja en la película.
Ciertamente, en nuestra sociedad, atenazada por el paro y el riesgo de la exclusión, la destrucción de empleo proviene casi exclusivamente de políticas empresariales bien definidas o de planes de contención del déficit en el ámbito público. Es decir, desde arriba. No obstante, como en la película, existe una responsabilidad colectiva en esta situación que viene desde abajo. Si reconocemos lo sindical como reflejo de lo que las plantillas buscan en sus empresas, observamos siempre relegada a las últimas posiciones de la lista de reivindicaciones, la cuestión del reparto del trabajo o la reducción de abanicos salariales en pro de un mayor volumen de contratación y mayores niveles de igualdad.
En cierto modo, la ingente cantidad de personas en paro, aún sabiendo que el problema es estructural y que existen responsabilidades políticas y empresariales de primera línea sobre las que debemos presionar socialmente, mira al resto de personas trabajadoras (por lo menos a quienes todavía no padecen situaciones de extrema precariedad), desde la misma mirada de Sandra: ¿vais a permitir mi exclusión del mercado de trabajo porque pretendéis mantener vuestra situación individual del modo más favorable posible? Resulta muy frustrante para una persona en paro ver cómo se da el pluriempleo, la realización sistemática de horas extras, la escasa asistencia a las convocatorias que exigen medidas contra el paro y por el reparto del trabajo,...
En este sentido, nos parece muy interesante la propuesta que el Colectivo de Personas en Paro hace a las organizaciones sindicales de Navarra, la creación de una “Comisión de Empleo” en todos los Comités de Empresa con el fin de llevar a cabo una acción sindical conjunta y comprometida con el control y limitación de las horas extras, con la creación de una bolsa de trabajo, con la limitación de la eventualidad, con el reparto del empleo, con la cobertura de todas las vacantes, etc,... Es decir, que en el plano sindical-reivindicativo vayan tomando posiciones prioritarias aquellas propuestas dirigidas a responder al paro y a sus consecuencias, entendiendo que la solidaridad es el compromiso de compartir lo necesario. Compartir lo que nos sobra es caridad
Desde Banatu Taldea aplaudimos esta propuesta y además creemos que la reducción del paro fortalece a las plantillas (más numerosas, menos temerosas de la amenaza del paro), y contribuye a la conquista de otros derechos laborales colectivos. Por ello, lector o lectora de este artículo, te interpelamos como persona trabajadora a que animes y propongas esta medida en tu empresa (si tienes trabajo), dirigiéndote a la representación sindical en la misma. Hay que hacerlo ya, cuanto más tardemos, mucho peor y ya se nos van acabando estos dos días y una noche para lograrlo. Por cierto, el final de la película del cine no os lo hemos contado... Será cosa de toda la sociedad saber como acaba nuestra propia película.

LA LEY ES LA LEY. LA RIDÍCULA TAMBIÉN (noviembre de 2014)
A finales de diciembre de 2012 se me abrió un expediente sancionador por haberme negado a cumplir el incremento horario, 18 horas, fijado por el Gobierno de Navarra para el segundo semestre de ese año. Una ocurrencia, la del desgobierno de Navarra, que en el 2013 dejó de estar vigente.
Se me comunica la apertura del expediente y se nombre una Comisión Investigadora. Tengo una entrevista con ella. Después elabora un dictamen que se me comunica. Hago alegaciones y solicitud de pruebas, tras de las cuales sale un nuevo dictamen, que también se me comunica y al que tengo derecho a hacer nuevas alegaciones. Ejerzo ese derecho y la Comisión Investigadora vuelve a hacer otro nuevo dictamen que vuelve a comunicárseme y se eleva a la Consejería de Presidencia Justicia e Interior, frente a la que puedo hacer nuevas alegaciones, que realizo. Y, por fin, el 15 de octubre de 2014, esa Consejería emite un nuevo dictamen frente al que ya no caben alegaciones internas, pero sí puedo hacer un recurso en el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. Desde el dictamen inicial hasta el último se considera mi comportamiento como falta grave y se me dicta la sanción mínima: cinco días de suspensión de empleo y sueldo.
Total, que para aplicarme una sanción de cinco días de empleo y sueldo por haberme negado a trabajar 18 horas el desgobierno ha gastado muchísimas más horas de las que yo me negué a hacer. Para más delito, cuando la sanción es casi firme y tendría que cumplirla resulta que hace cinco meses que me he jubilado.
¿Qué puedo hacer? Puedo recurrir al Contencioso Administrativo, pero Gallardón me lo puso difícil, la justicia es muy cara. Puedo dejar la sanción en herencia a mis hijos, como otros dejan las deudas de las hipotecas, pero ¿y si no la aceptan? La cosa es que me sabe mal que esa sanción, con todo lo que ha costado, se quede flotando en un limbo, eternamente perdida y errabunda. Me sabe mal, ¡pobre sanción!, ella que podía haber sido un ejemplarizante signo de firmeza.
Parece de risa, pero es de pena. De pena ese funcionamiento por ocurrencias. De pena la insensibilidad de nuestros gobernantes ante un tema como el paro. De pena el que hablando previamente al expediente con la jefatura de Atención Primaria (por cierto, de las pocas jefaturas que se mantienen fieles a Marta Vera o agarrados fuertemente a la poltrona), frente a mi defensa del reparto del trabajo se me diga que “yo lo que quiero es repartir la pobreza, mientras que ellos quieren generar riqueza”, frase tan manida y sintomática de carencia de pensamiento. De pena que no se reconozca el derecho a la objeción de conciencia más que en los supuestos gratos a nuestros gobernantes. De pena el que se mantengan en ese hacer como que hacen. De pena la burocracia infinita. … De pena.
Algo, mucho, tendría que cambiar en nuestra sociedad. Y no me refiero solo al color de los gobernantes, sino a las formas de hacer política y los contenidos de ésta. Cambios que no se darán sin una mayor, mucho mayor, implicación ciudadana. La cuestión central es si estamos por esas.
Por todo ello, el jueves 27 de noviembre a las 11 horas celebraremos una concentración en la puerta del ambulatorio Conde Oliveto en la que escenificaremos en forma de parodia el proceso sancionador y la ridícula actuación de nuestros administradores.

TIEMPOS DE CAMBIO. TIEMPOS DE REPARTO (abril de 2015)
Estamos en periodo preelectoral donde se anuncian cambios que mejorarán nuestra vida y solucionarán los problemas que atenazan a ciudadanos y ciudadanas.
Pero la crisis que nos vino impuesta a la mayoría de las personas se cebó de manera especialmente cruel en los sectores más desfavorecidos mientras se enriquecían a los ya de por si más ricos de la sociedad y se rescataba con grandes cantidades de dinero público a las entidades financieras, aquellas que habían provocado el desbarajuste y se convirtieron en reducto de corrupción.
Hoy se nos dice que el crecimiento de PIB ya está aquí y solucionará el paro y la precariedad. Con todo, la crisis solo es algo nuevo para un sector reducido de la población mundial, para la mayoría de ella la crisis es lo habitual. Venimos viviendo en una sociedad cercada. El cerco separa los adentros de las afueras; en el interior el nivel de consumo ha sido elevado, mientras que en el exterior se carecía de los mínimos imprescindibles para una vida digna. Ese cerco de exclusión se va cerrando y atrapando a sectores cada vez más amplios de nuestras sociedades.
Por eso desde Banatu Taldea insistimos una vez más en la necesidad de cambiar de rumbo, esta vez nos dirigimos a las formaciones políticas que se presentan tanto a los municipios como al Parlamento Foral para que tengan en cuenta nuestras propuestas y las tengan en consideración tanto en sus compromisos preelectorales como en la gestión pública en el grado de presencia en las administraciones o incluso aunque no se logre ninguna.
El decrecimiento es una apuesta sensata, en las sociedades desarrolladas y el reparto del trabajo, es una pieza más del puzzle que debemos ir encajando para construir un nuevo paradigma, una nueva manera de pensar los valores propios de las personas y cómo debemos organizar las relaciones sociales y el equilibrio con la naturaleza.
El empleo tal y como lo conocimos no volverá. El paro no tiene solución justa. No va a ser reabsorbido por una nueva etapa de crecimiento como en crisis anteriores. Lo impide los límites ecológicos, también lo impide la incorporación de otros países al proceso desarrollista y, por último, lo impide los avances tecnológicos que permiten producir cada vez más con menor ocupación.
En la actualidad ya se está dando un debate público sobre el reparto en nuestro entorno, en la Administración Pública de Navarra. También hay ejemplos, escasos pero notables en empresas privadas. Desde Banatu Taldea instamos a profundizar en este debate y extenderlo socialmente para tomar decisiones en el ámbito político que procuren con el reparto del trabajo una disminución del desempleo, principalmente en los sectores más desfavorecidos.
No es una propuesta frívola, tenemos fórmulas para poder aplicar el reparto del trabajo y hacerlo desde la solidaridad de trabajadores y trabajadoras con el impulso de las administraciones en el espacio público y de sindicatos, comités de empresas y las propias empresas en el privado. No nos planteamos, ni creemos que deba ser así, el reparto del empleo solo como un paliativo a los efectos de la situación actual, no debe quedar como un conformista reparto interno entre los trabajadores, ni como un gesto solo ético y personal. Al contrario, hay que hacerlo como actitud social y política, como opción estructural y de modelo de sociedad cargada de futuro, que conseguiremos con debate, unidad y lucha, como recuperación de la confrontación y de la necesaria unidad para emprenderla. Recuperando en definitiva lo mejor de la tradición en las luchas de la clase obrera para una nueva realidad que supera a esta y requiere nuevas alianzas.
No vemos otro horizonte de actuación que el impulso del reparto del empleo. Asumiendo que un determinado empobrecimiento relativo y un determinado reparto del empleo va a ser una realidad y que o estamos dispuestas las personas a ser quienes los determinemos o nos vendrá impuesto por imperativo legal.







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