miércoles, 22 de febrero de 2017

ColaBoraBora: Es el tiempo de la sostevidabilidad

Reproducimos parte de un interesante artículo sobre el concepto de "sostevidabilidad", la que aborda explícitamente el reparto del empleo. No obstante, recomendamos la lectura del artículo completo en: 

http://blogzac.es/es-el-tiempo-de-la-sostevidabilidad/

>> Repartir el empleo

A la par que imaginamos escenarios de futuro para cuando el fin del empleo sea una realidad, tenemos que ver cómo abordar la situación de transición, en la que aún queda y va a quedar por algún tiempo trabajo realizado por humanos a través de la fórmula del empleo (trabajo asalariado). A parte de que puedan rescatarse viejos empleos (por ejemplo ligados a oficios artesanales) y surgir nuevos (por ejemplo asociados a mediaciones, nuevas tecnologías y nuevos ámbitos de actividad), el empleo va a ser algo decreciente que habrá que ver cómo repartir. Porque en una sociedad donde el empleo es un valor aún tan arraigado, su reparto es un factor clave de cohesión (y es un hecho que el desempleo no afecta igual a todos los sectores de nuestra sociedad, cebándose con los más vulnerables).

Sin entrar en factores psicosociales que obviamente implican un cambio cultural (que no vamos a desdeñar, pero que requieren de un trabajo profundo y lento a otro nivel), repartir el empleo no debería ser tan complicado. Principalmente supone: en primer lugar, voluntad de las empresas empleadoras, de las personas empleadas y de las instituciones reguladoras; y en segundo, una optimización de la gestión. Aprender a compartir, a trabajar en equipo, a ser en conjunto más eficientes y productivas. Empezar por rediseñar la semana y la jornada laboral, racionalizando horarios, adecuando las circunstancias a los distintos tipos de tarea, a los modos de producción o prestación del servicio (horario fijo o flexible, posibilidad de concentración de horas, necesidad de turnos y alternancias, etc.). Ajustar la economía organizacional, tratando de no afectar a las ya reducidas nóminas, sino mantenerlas aumentando la facturación. Listar tareas y tiempos necesarios para su realización, redistribuirlas entre el equipo, identificar solapamientos y carencias de cara a recolocaciones y nuevas incorporaciones, fijar un sistema de trabajo, testearlo, irlo modificando en base a la experiencia. Una premisa: TODAS las tareas pueden repartirse, no hay NADIE tan imprescindible en su puesto (lo contrario son autoengaños). En todo caso, son necesarios ajustes de los sistemas de trabajo y planes formativos.

Ya hay muchas experiencias de este tipo -algunas de ellas muy esperanzadoras en cuanto a resultados-, que sitúan actualmente la posible horquilla de la semana laboral entre las 20 y las 30 horas.

Ahora, para avanzar en esta cuestión, podemos esperar a que en base a un gran acuerdo social, este reparto sea algo liderado por las instituciones públicas y las grandes empresas (con más medios y recursos para ello, generalmente agentes tractores y ejemplificantes, que asumen estos cambios a su ritmo, cuando ya empiezan a ser un clamor generalizado y no les queda otro remedio). O podemos empezar a acometer la transformación desde nuestras pequeñas organizaciones o como autónomas, repartiendo lo poco que tenemos. Porque somos esos agentes productivos nano, quienes -si no somos capaces de articular nuevas formas de colaboración y mutualismo-, más dificultades seguiremos teniendo para organizar nuestros tiempos, para conciliar, para hacer sostenibles nuestras vidas. Como pequeñas, tomar la determinación de acometer este gran reto, haría de nuevo cierta esa premisa que dice que es mas generosa quien menos tiene (porque entiende mejor la necesidad). Y si por el camino llegan medidas de apoyo e incentivos ¡Bienvenidas serán!

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